jueves, 10 de noviembre de 2016

El 25 de octubre de 2016 la Corte Suprema de Justicia absolvió de forma definitiva a Fernando Carrera por la denominada "Masacre de Pompeya", ocurrida en 2005, en la que murieron dos mujeres y un niño.

La historia que sigue tiene lugar a lo largo de 11 años de injusticia y sufrimiento.


Los Hechos

A minutos de la una y media de la tarde del martes 25 de Enero de 2005, Fernando Ariel Carrera, comerciante de 27 años de edad, casado y padre de tres hijos, espera en su Peugeot 205 blanco que el semáforo le dé luz verde. Está ubicado sobre la avenida Centenera en el cruce con la avenida Sáenz, en el barrio de Pompeya.

Un Peugeot 504 negro, sin identificación, se le acerca por la derecha y lo encierra. Un sujeto en su interior lo amenaza con un arma. Carrera, asustado, intenta escapar girando su vehículo hacia la izquierda, siendo el único espacio libre, y recibe un balazo en la mandíbula que lo deja inconsciente. 

En ese estado realiza un recorrido de doscientos metros sobre Sáenz, de contramano, en dirección a Capital Federal. Detrás de él viene el Peugeot negro y un Renault 19 gris que se agrega a la persecusión, disparando a Carrera, que ya sin control del vehículo, atropella y mata a Edith Elizabeth Custodio, Fernanda Gabriela Silva y su hijo de seis años, Gastón Gabriel Di Lollo, y finalmente choca contra una Renault Kangoo (en el cruce con la calle Esquiú), hiriendo a sus dos ocupantes, ambos de origen oriental.

El Peugeot blanco de Carrera queda atravesado en la calle. Los policías (sin identificación) que lo perseguían descienden de sus vehículos y disparan al menos 18 tiros al auto, ocho de los cuales impactan en el cuerpo de su conductor.


Malherido e inconsciente, Carrera fue llevado al hospital Pena pero allí, con la excusa de que no tenían anestesista de guardia, no lo atendieron y lo derivaron al Rivadavia, donde ocho horas después de haber sido baleado, lo operaron. Al día siguiente lo enviaron al penal de Devoto.

Versión Policial

Minutos antes de los hechos de la Av. Sáenz, un militar fue asaltado en Villa Lugano por dos ladrones que iban en un vehículo blanco.
El Comando Radioeléctrico de la Policía Federal comunicó: “Se reitera, sería un auto particular Palio de color blanco tripulado por dos masculinos o un Peugeot 205 de color blanco. Para los móviles van a tener permanente atención a vehículos de similares características para la detención (…) de los tripulantes”.

Según la versión de los policías de la Comisaría 34 que intervinieron en el caso, los delincuentes decidieron huir hacia la provincia. Uno de ellos consiguió escapar a pie, pero el conductor del auto, al aproximarse al puente Uriburu y ver el camino cortado por varios patrulleros, tomó Sáenz de contramano, embistiendo a los peatones y a la camioneta.



Después de los hechos, la policía cercó el lugar para la recolección de pruebas. En el interior del vehículo de Carrera se encontró una pistola marca Taurus de color plateada, con una capacidad de 17 balas, de las cuales solamente había 7 (siete) en el cargador.

Carrera fue detenido acusado de robo, homicidio, lesiones culposas y portación de arma. No tenía antecedentes penales y trabajaba como proveedor de artículos de gomería. El Peugeot 205 blanco que manejaba estaba registrado legalmente a su nombre. 

El militar asaltado, Juan Ignes, y su sobrino (que lo acompañaba en el momento del robo), no reconocieron a Carrera como autor del delito, ni tampoco el arma que fue encontrada en su auto.

Los medios de comunicación reprodujeron la versión policial.



El Lunes 30 de Abril de 2007, el Diario Clarín publicó una entrevista exclusiva a Fernando Carrera, en la que pidió disculpas a la familia de las víctimas, y aclaró que la Policía lo quiso matar, pero como no pudo, le "armaron" la causa y le "plantaron" el arma.


Tres años más tarde, en 2010, Carrera declararía en entrevista con Enrique Piñeyro (autor del documental El Rati Horror Show): "Si yo, ciudadano, veo el diario Clarín y me dice que Fernando Carrera es un asesino, para mí Fernando Carrera es un asesino, no me importa lo que diga Fernando Carrera".

La sentencia

El 3 de Mayo de 2007 el Tribunal Oral N° 14 comenzó el juicio. Durante las audiencias, cuatro de los testigos que, en la instrucción, aparecían diciendo que habían visto a Carrera disparar, lo negaron frente a los magistrados. Además, parte de las pruebas procesales desaparecieron misteriosamente y, como se ha mencionado, ninguno de los damnificados reconoció a Carrera como el autor de los hechos.



Sin embargo, el 7 de junio de 2007, Fernando Carrera fue condenado a 30 años de prisión tras ser hallado culpable de los delitos de "robo con armas, homicidio agravado reiterado, lesiones agravadas, resistencia a la autoridad, daño y encubrimiento".

Los jueces Hugo Cataldi, Beatriz Bistué de Soler y Rosa Lescano firmaron la sentencia, tal como la había pedido la fiscalía, a cargo del fiscal Clorindo Mendieta.





El abogado de Carrera, Federico Ravina, insistió en la inocencia de su defendido. Consideró que fue "una víctima más" de la policía, y pidió que se investigue la presunta responsabilidad de los agentes policiales en el hecho.

La defensa sugirió que los agentes "plantaron" una pistola en el auto de Carrera, basándose en que los peritos balísticos no fueron concluyentes acerca de dónde partieron los disparos y en que al menos tres testigos declararon no haber visto disparar al condenado.

El diario Clarín reconoce que el caso tiene puntos oscuros y tanto la defensa como organismos de derechos humanos consideran que la causa fue "armada" para encubrir un caso de "gatillo fácil".

Recurso ante Casación y ratificación de la condena
               
Luego de la sentencia, el abogado de Carrera, Federico Ravina, indicó que apelaría el fallo ante Casación, señalando que se fundamentó en pruebas y testimonios falsos.

El 8 de junio de 2008, la Sala Tercera de la Cámara Nacional de Casación Penal, compuesta por los jueces Eduardo Riggi, Guillermo Tragant y Juan Carlos Rodríguez Basavilbaso, rechazó el recurso interpuesto por el abogado, negando la posibilidad de un complot policial para implantar pruebas falsas, y ratificando la pena de los 30 años de cárcel para Carrera.




A fines de 2009, Nora Cortiñas, Adolfo Pérez Esquivel y Enrique Piñeyro se presentaron ante la Corte Suprema de Justicia bajo la figura de Amicus Curiae (Amigos del Tribunal), adjuntando un video en el que se mostraban las incontables irregularidades del expediente.

La Liberación

El jueves 17 de Mayo de 2012, Carrera inició una huelga de hambre en el penal de Marcos Paz, donde ya llevaba detenido 7 años, para pedir por su inocencia e inmediata liberación. Ante la decisión, diversos medios lo entrevistaron y su historia comenzó a sumar apoyos de figuras de Derechos Humanos.




En la tarde del 6 de Junio de 2012, luego de pagar una fianza de $ 20.000, Fernando Carrera salió en libertad. La Corte Suprema falló a favor de que se ratifique el caso, teniendo en cuenta la arbitraria valoración de las pruebas recolectadas y la afectación del derecho de defensa en el juicio.

El Tribunal Oral en lo Criminal N°14, el mismo que lo condenó en 2007, fue el que firmó su excarcelación, pero a su vez sostuvo que el imputado seguiría vinculado al proceso judicial y que se realizaría un nuevo juicio.

Antes de subirse a un taxi y abandonar el penal, Carrera manifestó su deseo de reencontrarse con su familia y señaló que no encontraba manera de "compensar los siete años" que fue privado de su libertad.

Segundo Fallo

El 12 de agosto de 2013, la Cámara de Casación consideró a Carrera autor penalmente responsable de los delitos de "robo" y "homicidio culposo" y lo condenó a 15 años de prisión, tras revisar la sentencia anterior, por orden de la Corte Suprema.


El cineasta Piñeyro aseguró que "el fallo es un disparate monumental". Y añadió: "No hay nada que vincule a Carrera con el robo. Esta conducta policial es propia de la dictadura. Le pedimos a la Corte que nos acepte la queja y al poder político, que nos explique cuál es el Estado".

Ravina, el abogado de la defensa, dijo que haría "todo lo posible para que Fernando no vuelva a estar preso" y manifestó su deseo de que "éste sea el último fallo corporativo de la Justicia".

Apelación al Segundo Fallo

Los abogados de Carrera pidieron a la Corte Suprema de justicia que deje sin efecto la condena a 15 años porque "la sentencia presenta cuestiones de gravedad institucional vinculadas a la limitación de los derechos fundamentales del procesado, el menoscabo de la confianza depositada en la Justicia y la inexistencia material en la resolución del caso".

No obstante, la Sala III de la Cámara de Casación Penal rechazó el recurso extraordinario y el Tribunal Oral 14 debía determinar si volvía a detener a Carrera, ya que el "recurso de queja" presentado "no tiene efecto suspensivo".



En paralelo al recurso extraordinario se realizó una masiva marcha frente a Tribunales en la que participaron organismos de derechos humanos y agrupaciones políticas. Entre los participantes estaba Enrique Piñeyro, ya mencionado, cuyo documental de 2010 (El Rati Horror Show) fue una influencia clave para la revisión del caso.

La Absolución Final

El fallo del 25 de octubre de 2016, que absuelve a Fernando Carrera, fue firmado por los jueces Ricardo Lorenzetti, Elena Highton de Nolasco (en disidencia), Juan Carlos Maqueda, Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz.

Según la Corte Suprema de Justicia de la Nación, la sentencia apelada “no satisface el derecho del imputado a que su condena sea revisada de conformidad a los mandatos que derivan de la mencionada presunción de inocencia”. No obstante, se añadió, corresponde que la causa “sea devuelta para una nueva decisión”.

 

Luego de la decisión, Carrera aseguró que “nunca se va el miedo, porque si yo no fui, ¿quién fue?".

"El tiempo es irrecuperable y espero volver a ser un ciudadano común, lo deseo; esto nunca se va a borrar, pero en algún momento va a aparecer otra noticia, se van a olvidar de alguna manera, y voy a tratar de vivir como siempre que no me ha perseguido esta causa", agregó.

En 1984, el humorista Tato Bores dijo, en uno de sus célebres monólogos: “Desgraciada la generación cuyos jueces merecen ser juzgados”. 


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